viernes, 10 de junio de 2016


1:31 AM. Jueves. Frío. Un montón. Espero el colectivo con, no se si es miedo la palabra. Resquemor. Volver sola a mi casa un día de semana a la madrugada me da cierto resquemor. Ser mujer en esta circunstancia es complicado, es llevar a cabo un plan en el que el fin es llegar sana y salva a tu casa. Llevar a cabo un plan en el cual ninguno de los factores los impones vos, una solo se ocupa de caminar.
Primera fase, esperar el colectivo. Llego a la parada en la cual no hay nadie. Poco menos de dos minutos y veo un hombre acercarse que supuse tenia la edad de mi papá y busco complicidad. Le pido un cigarrillo, saca su caja y veo que le queda solo uno. Lo rechazo. Se niega y me lo da. Le agradezco y me sonríe. Prendo el cigarrillo y a los segundos (como de costumbre para no variar) a lo lejos veo venir un colectivo, le pregunto si llega a leer el número. 152, me dice. Si, es el mio. Que bien -pienso- los 5 grados de temperatura me estaban calando los huesos. Como noto que el no se tomaba el mismo, vuelvo a agradecerle el cigarrillo, le deseo suerte y me subo.
Segunda fase, subirse al colectivo. 6,25 por favor. Miro, miro detalladamente todas las caras. Busco si hay mujeres, si hay bebés, si hay mucha gente. Normal, aunque para la hora que era estaba bastante completo el colectivo. Subo el volumen de la música mientras me preparo mentalmente para caminar las cuadras que separan la parada de mi casa. Cuando noto que empieza a faltar poco para bajarme agarro las llaves de mi casa y me las pongo entre los dedos porque vayaunoasaberquepuedapasar.
Tercera fase, Me bajo del colectivo. De la parada a mi casa serán 6 cuadras. Eternas. 6 cuadras eternas. Oscuras. Bien de barrio. Solitarias. Bajo el volumen de la música pero no la saco para sentirme acompañada en el trayecto. Camino, rápido, pero camino. Un bar abierto. Me ocupo de pasar por la puerta y de que quienes estén adentro me vean pasar. Sigo caminando. Nadie, absolutamente nadie. Miro a la derecha. A la izquierda. Para atrás por las dudas. A lo lejos veo las luces de un patrullero que, para ser sincera, no me brinda ningún tipo de seguridad. En una de las tantas casas por las que paso, veo la luz prendida. Respiro. Que irónico (y triste) que la luz prendida de una casa me de más sensación de seguridad que un policía. Camino. Pasa una moto pero justo paso por un camión estacionado y no me ve, Respiro de nuevo. Odio las motos. Sigo caminando. A una cuadra de mi casa hay un hospital en el que funciona una guardia. Paso por la entrada y de nuevo me ocupo de que quienes están adentro me vean pasar. Me falta poco para llegar a mi casa. Doblo. Pego un pique. Pongo la llave, la giro, empujo. Entro. Llegué. Subo el volumen de la música y respiro aliviada. Respiro aliviada, si, pero ¿debería?. ¿Debería ser un alivio llegar ilesa a mi casa de madrugada? ¿No tendría que ser como a las 16 de la tarde? ¿Por qué?  Lo pienso y me enoja, ¿por qué yo tengo que caminar las cuadras hasta mi casa con temor? ¿Porque soy mujer? Porque vienen, te secuestran, te violan y si quieren ir todavía más allá, te matan ¿por qué? Porque sos mujer. Y ¿por qué? porque acá nadie viene y le enseña a los futuros machitos que NOSEVIOLA si no que le enseñan a una a tomar precauciones, a no salir muy tarde, a que no te vistas de determinada manera porque podes estar provocando, ¿a quien? ¿por qué? ¿yo tengo que volver acompañada siempre? ¿a mi me tienen que ir a buscar por si algún loco se le ocurre violarme? ¿por qué? ¿porque soy mujer?
Yo no caigo en la postura hermética de "esto es así, no debería, pero no va a cambiar". Que cambie, plantear que esto no va a cambiar porque no se puede, porque siempre va a haber uno con ganas de violarte es avalarlo. Me cago en tus ganas de violarme. Yo me quiero mover de ahí, quiero salir, quiero ponerme lo que se me cante la gana, hacer y deshacer sin tener que pedirle permiso a algún boludo con aires machito. ¿Sabes por qué? Porque soy mujer.

1 comentario: